Tengo un clínica con mucho movimiento y vemos aproximadamente 40 pacientes nuevos cada mes.
En mi consultorio trabajan varios odontólogos que ejercen una especialidad y así logramos hacer un tratamiento integral de grupo, sin necesidad de referir nuestros pacientes a otros centros dentales. Incluso, tenemos nuestro propio laboratorio dental y un control de calidad increíble. Todos nuestros pacientes vienen referidos por otros pacientes contentos y también acuden cuando ven artículos míos publicados en revistas o presencian charlas que frecuentemente doy sobre odontología moderna. Cierto día, que nunca podré olvidar, llegó sin cita (cosa no muy frecuente en mi consultorio) una señora de edad con una emergencia.
Primero fue vista por uno de mis colegas, el cual me llamó y me pidió que revisara a la paciente, la cual presentaba una pulpitis aguda. Procedí a realizar la emergencia de rutina y la referí a nuestro endodoncista. En las siguientes semanas, la paciente no dejó de llamar insistentemente (a la consulta, al celular, ¡hasta a mi casa!) agradeciendo la atención.
Visto que se trataba de una persona que padecía una psicosis muy particular, le pedí que desistiera de sus llamadas, que me había dado a entender su agradecimiento y le estaba reconocido por ello. Eso no ayudó; al contrario, empeoró el acoso telefónico a tal grado que estuve a punto de cambiar todos los números telefónicos a mi nombre. ¿Cómo evitar este tipo de paciente? ¿Cómo atraje a esa paciente ? No lo sé, y sinceramente, no se lo deseo a nadie. Me imagino que son gajes del oficio por ser un servidor público.
Dr. David Singer
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