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La OMS y sus estadísticas sobre el suicidio

De: Dr. Armando Oreadi, Dds. Dott. Prof.

 

El Odontólogo, en el mundo, ocupa el primer lugar, según la OMS, con el mayor índice de suicidios.

Personalmente creo que la nuestra es una profesión verdaderamente estresante.

Son muchos los factores de stress a los que estamos sometidos diariamente.

Trabajamos bajo un régimen de horario , por citas, lo cual nos exige puntualidad para atender nuestros pacientes (y ellos también nos lo exigen, de lo contrario, nos lo reclaman).

Pasamos muchas horas encerrados entre paredes, iluminados por luces de neón.

Es imposible exigir silencio en un consultorio dental (¡a menos que todos nuestros pacientes sean mudos!).

Voces, música, turbinas, ultrasonidos, quejas, teléfonos, impresoras, equipos de succión, vibradores, compresores...¡toda una orquesta filarmónica sin comparación!.

No importa lo reducido de los espacios... caminamos, y a veces corremos, unos cuantos kilómetros cada día... del estudio a una unidad, del laboratorio a la recepción, del baño a otra unidad.

También hacemos sentadillas... siéntate, párate, vuelve a sentarte, vuelve a pararte... y una y otra vez.

Eso sí, nuestras muñecas las mantenemos bien entrenadas... y limpias... no te extrañes si te lavas las manos 50 veces en un día, 250 en una semana, 1000 en ¡un mes! No importa lo grande que sea nuestro consultorio, por más que te escondas... siempre te encuentran... ¿cómo harán?.

Más que ojos, los nuestros son a veces lupas, a veces microscópicos, a veces telescopios.

Dicen que uno se sienta para estar quieto y descansar... ¡serán los demás!, nosotros no nos sentamos, nos ¡ contorsionamos ! ... no hace falta que te veas, observa tus colegas y verás al ¡gran Houdini!. Procedimientos largos... glúteos aplastados.

¡Ah! ¿y nuestro campo de trabajo? una boca, la entrada de una cavidad de no más de 5 centímetros de diámetro, donde pretendemos (y a veces lo logramos) introducir 4 dedos, 1 espejo, 1 explorador, 1 eyector de saliva, 4 rollos de algodón, 2 gasas y, además también pretendemos ¡ver lo que estamos haciendo!... y la lámpara de techo... y entre ella y la boca del paciente... 2 cabezas, la nuestra y la de nuestra asistente...

"¡No veo!...", y entonces te doblas, te inclinas, te mueves, te apartas, cambias de posición la luz... "¡No veo!...".

Y hablando de las condiciones atmosféricas... siempre el nivel de humedad es alto o llueve.

Activa la turbina o el ultrasonido y lo que te falta es ponerte un impermeable!.

"Abra, cierre, muerda, deslice, escupa, gire hacia la derecha, ahora hacia la izquierda...", órdenes y más órdenes.

Y no olvidemos las quejas y más quejas... pero nuestra misión es la de escucharlas y aportar soluciones.

No es fácil cuando, para hacer el bien, no podemos evitar hacer sufrir a nuestros pacientes... me refiero a la anestesia, el instrumento más temido y más odiado.

Cada vez que dormimos un nervio, matamos una fibra de nuestra sensibilidad, porque somos humanos y no sádicos.

Estas y muchas cosas más, pero es la profesión que hemos escogido y no entiendo por qué tenemos que suicidarnos por ella.

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