De: Dr. Armando Oreadi, Dds. Dott. Prof.
Es una realidad que algunos estados de estrés emocional pueden causar la muerte: el número de infartos aumenta después de eventos extremadamente estresantes como ocurrió después del terremoto de Los Angeles por el temor de otro temblor.
Pocas personas se enfrentan a tales situaciones extremas y los que lo hacen, raramente reaccionan con tal intensidad pero está demostrado que el estrés crónico afecta tanto la mente como el cuerpo.
Tu cuerpo responde al estrés causado por un peligro inminente o un shock emocional inundando al torrente sanguíneo con adrenalina y cortisol, hormonas que te preparan a reaccionar frente a la emergencia: tus músculos se ponen tensos, el nivel de azúcar en la sangre aumenta como también el ritmo y la presión cardiaca.
Lo interesante es que ese mismo aumento del nivel de hormonas puede provocar un arresto cardiaco y en las personas con enfermedad coronaria, un infarto al miocardio.
Sin embargo, aumentos moderados pueden hasta ser beneficiosos mejorando tu estado de vigilancia, energía y capacidad de reacción que pueden salvarte la vida en una situación de peligro inminente.
Pero el estrés "común" es causado por factores más mundanos como las presiones sicológicas (problemas matrimoniales o de pareja, compromisos ineludibles, soledad, frustraciones, problemas económicos...) y esas presiones actúan calladamente, asintomáticamente hasta que se manifiestan de una manera súbita y destructiva produciendo un sin número de enfermedades sicológicas o sicosomáticas como también pueden ayudar a causar o agravar problemas físicos, entre ellos el asma, la fatiga crónica, el dolor de espalda, disturbios gastrointestinales, dolores de cabeza, insomnio y muchos más sin contar con el poder de aumentar el riesgo de enfermedad coronaria y debilitar tu sistema inmunológico de defensa.
El estrés crónico afecta nuestro corazón de maneras diferentes: produce vasoconstricción arterial limitando así el flujo de sangre al miocardio.
- Aumenta el riesgo de hipertensión produciéndose una erosión de las capas lisas internas de las coronarias que a su vez facilita los depósitos de placas arteriales obstructivas
- Disminuye la fluidez de la sangre aumentando la posibilidad de coágulos
- Hace que el organismo transfiera grasa desde los tejidos hacia el torrente sanguíneo provocando, aunque temporalmente, un aumento en los niveles de colesterol.
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