No importa quien sea, no importa su edad, no importa su sexo, raza, color, religión.
Esa persona que tienes frente a ti, sentado en el sillón, no se siente cómodo, es más, está asustado, nervioso, posiblemente hasta incrédulo.
Se siente impotente frente a alguien que tiene fama de provocar dolor, no importa la finalidad, él sabe que va a sufrir... inyecciones, turbinas, exploradores... para él son instrumentos de tortura
Sé sincero, ¿te sientes cómodo cuando te toca a ti abrirle la boca a un colega?, yo no, lo reconozco, los odio, los pondría tras las rejas!... pero acepto esa triste realidad y me someto... ¡que sea lo que Dios quiera!... pero eso sí, quiero anestesia, ¡litros de anestesia!... "¡NO QUIERO SUFRIR!"...es que de eso se trata, amigo mío, dentista es dolor, digan lo que digan.
Entonces, ¿que hacer?
Aplica el ADC (Anestésia-Delicadeza-Contácto) y no el
ABC (Antipatía-Brusquedad-Celeridad)
Anestesia: no importa cuanta, pero lo suficiente para que NO HAYA DOLOR.
Delicadeza: no introduzcas la aguja como si fuese un sacacorchos, no estás destapando una botella de vino, si causas dolor al anestesiar, tu paciente no lo olvidará ("No siento nada cuando me trabaja porque estoy anestesiado pero veo las estrellas y el diablo cuando me anestesia")
Contácto: unión entre el paciente (la víctima) y tu (el torturador), el contácto como el cordón umbilical, como la tabla de salvación para el náufrago, la mano que da confianza, seguridad, apoyo, ayuda... no te dé pena, toca tu paciente, apoya tu mano en su hombro, transmítele seguridad, hazle sentir que eres su amigo, que estás a su lado, como un ser humano que como él siente y padece.
Créeme, nunca se le olvidará, siempre te lo agradecerá y te considerará, además de su odontólogo, su amigo.
Prof. Armando Oreadi, Dr. Dds. Dott.
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